Palermo, barrio de genios: Carriego, Borges, Cortázar… y hasta el Che
Hay barrios que tienen historia. Palermo tiene mitología. No de las que inventa el marketing inmobiliario con nombres como “Soho” o “Hollywood”, sino una mitología verdadera, escrita con tinta, lágrimas y vino barato. En apenas unas pocas cuadras de Palermo Viejo convivieron —en distintos tiempos, pero unidos por una línea invisible de herencia y destino— Evaristo Carriego, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y hasta Ernesto “Che” Guevara. Un barrio que no solo parió genios, sino que los albergó, los inspiró y los proyectó al mundo.
Carriego, el fundador de una sensibilidad
La casa de Evaristo Carriego sigue en pie, en Honduras 3784, convertida en biblioteca pública y Patrimonio Histórico. En esas paredes se gestaron las Misas Herejes, versos humildes y punzantes que narran con amor sincero el dolor de los olvidados. Carriego fue el primer cronista poético de Palermo: no el Palermo de los brunchs, sino el de las costureritas con la ropa hecha y el corazón roto. El poeta que no usó lunfardo pero lo entendía mejor que nadie.
Borges, que vivió en esa misma casa poco después de su muerte, lo convirtió en símbolo. Publicó su biografía en 1930 y dejó escrito que Carriego fue el primero que comprendió que “los dioses también estaban en Palermo, en 1904”. Carriego murió joven, pero quedó sembrado en las palabras de otros.
Borges, el demiurgo del barrio
El niño Borges vivió en Serrano 2135 (hoy calle Jorge Luis Borges), esquina Paraguay. Ahí empezó a vislumbrar que la literatura no estaba lejos, sino justo enfrente. Su Palermo era de cuchilleros, patios con madreselva, almacenes con guindado oriental y hombres que volvían del hipódromo.
Más tarde se mudó a Maipú 994, pero Palermo ya era su Aleph. En los pasajes de este barrio están los ecos de “El Sur”, de “Hombre de la Esquina Rosada”, de los espejos infinitos. En su prólogo a Carriego, Borges dice que cualquier vida se reduce a un momento: el instante en que uno sabe quién es. Palermo fue ese momento para él.
Cortázar, el viajero que volvió al barrio con cada letra
Aunque nacido en Bélgica y vecino de Banfield, Julio Cortázar vivió en varias pensiones de Palermo durante su juventud, mientras enseñaba en escuelas nocturnas y se empapaba de literatura. Caminó por Honduras, Aráoz, Charcas, Malabia. Leyó a Borges con la devoción de un discípulo. Y escribió como si el tiempo fuera una vereda palermitana donde todo puede pasar: un túnel, un cronopio, un axolotl.
Cortázar entendió que la literatura argentina podía ser vanguardia sin dejar de ser vereda. Fue el primero en reírse del realismo y hacerle una zancadilla con la rayuela. Borges le enseñó precisión; Carriego, el alma del barrio. Cortázar les devolvió una literatura que saltaba los límites como si fueran líneas de colectivo.
El Che Guevara, otro vecino ilustre
Pero Palermo no fue solo cuna de poetas. También vivió aquí un joven que cambiaría el mapa del siglo XX: Ernesto Guevara de la Serna, el Che.
Vivió con su familia en Aráoz 2180, esquina Mansilla, entre 1948 y 1953, mientras estudiaba Medicina en la UBA. Allí, entre apuntes de anatomía, asma persistente y discusiones políticas, empezó a gestarse el revolucionario. La casa ya no existe, pero una baldosa conmemorativa la recuerda y cada tanto, el barrio le rinde homenaje con flores, guitarras o simples pasos detenidos frente a ese umbral.
Palermo también lo vio partir. Fue en moto, rumbo al norte, a una travesía que terminaría en La Higuera, Bolivia. Pero todo comenzó aquí, en una esquina con árboles.
Alfredo Palacios: la política también escribió en Palermo
Si hablamos de vecinos ilustres, no puede faltar Alfredo Palacios, primer diputado socialista de América Latina. Su casa en Charcas 4741 está abierta al público como museo, con archivos, muebles originales y documentos que muestran que la política también puede ser ética, y que las causas nobles necesitan escritorios, sí, pero también coraje.
Hoy la Casa Museo de Alfredo Palacios es uno de los secretos mejor guardados de Palermo. Un refugio de historia entre el ruido de bares y boutiques, donde aún se respira la lucha por la justicia social.
Palermo: capital literaria y humana
Entonces, Palermo no es solo un barrio. Es una página abierta. En un radio de pocas cuadras vivieron un poeta de los humildes (Carriego), un demiurgo de bibliotecas infinitas (Borges), un cronista de lo fantástico (Cortázar), un revolucionario del siglo XX (el Che) y un legislador de alma obrera (Palacios). Todos pasaron por aquí. Todos vieron en sus veredas algo que el resto del mundo no supo ver.
¿Es casualidad? ¿O hay algo en el aire de Palermo que convierte lo cotidiano en destino?
Tal vez sea cierto lo que decía Borges: “El universo también está en Palermo”. Y no hace falta ser escritor para verlo. Basta con caminar, mirar y escuchar.