Un repaso histórico y artístico sobre las estatuas de mármol de Carrara creadas para la Fundación Eva Perón, que hoy descansan en el olvido del fondo del Riachuelo y en la memoria de un país dividido.
Por Mario José
Las diez esculturas perdidas de los “descamisados”: arte monumental, olvido político y una tragedia nacional
La monumentalidad como mensaje
Corría 1950 y la Argentina de Juan Domingo Perón, a través de la Fundación Eva Perón, levantaba en la Avenida Paseo Colón un edificio que buscaba inmortalizar una ideología: el peronismo. Un templo laico del pueblo, una sede para la justicia social, adornado en su cúspide con diez colosos de mármol de Carrara, cada uno de seis metros de altura, que encarnaban la figura simbólica del “descamisado”, el obrero, la madre, el soldado, el estudiante, la enfermera: el nuevo sujeto político del país.
Estas esculturas fueron talladas por Leone Tommasi, maestro italiano del mármol, quien llegó especialmente desde Pietrasanta —la “pequeña Atenas”— para dar forma a una estética que condensaba la mística justicialista en piedra. No eran simples ornamentos: eran declaraciones políticas, visibles desde toda la ciudad.
El golpe que desfiguró el arte
Pero en 1955, el golpe de Estado conocido como la “Revolución Libertadora” irrumpió con violencia institucional y simbólica. Las estatuas fueron atacadas, destruidas a mazazos y arrojadas al Riachuelo, como si fueran cuerpos caídos del Olimpo peronista. Se las quería borrar de la historia, como a tantas otras expresiones del peronismo popular.
El edificio —que nunca llegó a funcionar como sede oficial de la Fundación por la muerte de Evita en 1952— fue intervenido por los nuevos gobiernos de facto. En 1956 se le entregó a la Facultad de Ingeniería de la UBA, que completó su habilitación recién en 1966.
Recuperación parcial, memoria fragmentada
Recién en 1996, durante el menemismo, se ordenó una búsqueda de esas estatuas en el lecho del río Matanza-Riachuelo. Se recuperaron solo tres, las cuales hoy descansan en la Quinta de San Vicente, junto al mausoleo de Juan Domingo Perón.
Las otras siete siguen perdidas en las aguas turbias de la historia nacional, como una alegoría del destino de las clases populares durante los vaivenes del siglo XX argentino.
Arte, política y el mármol de la memoria
¿Por qué un país lanza al río obras de arte monumentales? ¿Qué clase de odio borra mármol a martillazos? ¿Quién se anima a destruir el cuerpo escultórico de una idea?
Estas diez figuras de Tommasi, esculpidas en uno de los materiales más nobles de la escultura clásica, eran más que figuras humanas: eran íconos de una época que intentó refundar la nación desde abajo, desde los barrios, desde la dignidad.
Hoy, el edificio que las albergaba —la sede Paseo Colón 850 de la Facultad de Ingeniería— fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2011. Con su fachada neoclásica de columnas dóricas, sigue imponente, pero sin sus guardianes en el techo. Y aunque los planos, las fotos y los archivos rescaten el recuerdo, la herida simbólica permanece abierta.
Cierre
¿Es posible restaurar un país que ha mutilado su arte político con tanto desprecio? ¿Pueden las generaciones futuras redescubrir en el mármol sumergido la dignidad que alguna vez intentamos esculpir?