La vida de Alfredo Alcón que hoy descansa en el Cementerio de Chacarita

Un repaso por la vida de Alfredo Alcón, reconocido actor y director argentino considerado el máximo exponente del teatro clásico en nuestro país.

Alfredo Alcón fue un actor y director de teatro argentino. Tuvo mucho éxito tanto en el cine como en el teatro aunque su fuerte es el teatro pues el grueso de sus actuaciones y su mayores galardones han sido procedente de sus actuaciones soberbias en el teatro, no solo en el teatro argentino sino también en el teatro español con gran éxito, aunque ha sido reconocido como un actor teatral de fama internacional.

Alcón nació en Buenos Aires, 3 de marzo de 1930 y falleció en la misma ciudad un 11 de abril de 2014. Alfredo nació en la localidad de Ciudadela, dentro del Gran Buenos Aires. Aunque nació en Ciudadela, Partido de Tres de Febrero, en la Provincia de Buenos Aires, vivió desde pequeño en el barrio porteño de Liniers, y por su idiosincrasia es un “porteño”.

Galardonado con muchos premios tanto en Argentina como en otros países incluyendo, entre otros, seis ACE -uno de ellos el ACE de Oro-; el Estrella de Mar; el Premio al mejor actor en el Festival Internacional de Cine de Cartagena; varios Cóndor de Plata, incluyendo el Cóndor de Plata a la trayectoria; seis Martín Fierro; varios Konex, incluyendo los Konex de Platino y de Brillante; dos María Guerrero; el García Lorca (España); el Podestá a la trayectoria honorable y fue además declarado Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde El amor nunca muere (1955), actuó en unas cincuenta películas, innumerables obras de teatro y varias telenovelas. Alcón era considerado “uno de los actores más prodigiosos en un país de excelentes actores”,​destacándose en obras de William Shakespeare como Hamlet, Ricardo III, Enrique IV y Rey Lear.

La materia física de Alcón estaba conformada de teatro puro. Eso lo dejaba en claro no sólo sobre el escenario sino ante la cámara. Nunca mejor empleado el verbo encarnar cuando uno se refería a sus trabajos. Se incorporaba los personajes y los amaba, tal vez por eso la tremenda intensidad que transmitía y con la que lograba estremecer.

Alfredo Alcón
Alcón en su interpretación en “Los Siete Locos”

Alfredo era carne y alma. Era voz y gesto. Alcón degustaba cada frase e investía de dramaticidad cada segundo en el que palabra, postura o significado tienen lugar. Y si el personaje se lo permitía, apuntaba unas gotas de un humor tan fino como delicado, adorable. Su pasión por el teatro comenzó desde muy joven, aunque se vio teñida de la desconfianza de sus primeros maestros debido a su timidez e introspección.

A partir de aquel momento, Alfredo creció con su madre y sus abuelos, quienes no hacían más que malcriar al pequeño nieto. No obstante, con el correr de los años el pequeño convertido en adolescente comenzó a mostrar su rebeldía, la que a los 14 años lo llevó a abandonar el colegio industrial al que asistía. El motivo fue contundente: quería ingresar en la Escuela de Arte Dramático.

Estudió en una escuela técnica que luego combinó con la de arte dramático, influenciado, en gran parte, por el gusto que le daba interpretar los textos de Shakespeare, que descubrió gracias a un tío, propietario de una importante y vasta biblioteca.

Pero su desilusión llegó pronto, ya que su timidez, su torpeza de adolescente y su personalidad introvertida hicieron que los profesores del conservatorio lo señalaran como un pésimo actor sin futuro. En realidad estaban equivocados, ya que el destino del Alfredo era ese y no otro. No obstante, pudo finalizar sus estudios en el conservatorio, y poco después consiguió un trabajo en Radio Nacional. Luego de aquello, consiguió su primer papel en una película junto a Mirtha Legrand, titulada “El amor nunca muere”, del año 1955 y bajo la dirección de Luis César Amadori.

Como actor de teatro ha representado magistralmente personajes de William Shakespeare, Federico García Lorca, Arthur Miller, Tennessee Williams, Henrik Ibsen, Eugene O’Neill y Samuel Beckett. Ocasionalmente ha incursionado también en la dirección teatral. Participó en más de cincuenta películas, entre ellas: Un guapo del 900Martín FierroEl santo de la espadaBoquitas pintadasNazareno Cruz y el loboPubis angelicalÚltimas imágenes del naufragio.

Alfredo Alcón
Alfredo Alcón

Si bien comenzó a trabajar en Radio Nacional, tuvo su primer papel actoral junto a Mirtha Legrand, en la película El amor nunca muere, dirigida por Luis Cesar Amadori, en 1955. Inició su carrera como galán, especialmente de telenovelas, pero esto no interfirió en su posterior desarrollo como actor de diferentes géneros; demostró gran versatilidad y talento que le valieron el respeto y el reconocimiento de sus colegas, críticos y público.

En los años ’60 fue un claro exponente del llamado nuevo cine argentino, liderado por Leopoldo Torre Nilson, con su protagónico, en la versión cinematográfica, de Un guapo del 900 y Piel de verano, esta última junto a Graciela Borges, además de El Santo de la Espada (1970), Martín Fierro (1968), Los siete locos (1973) y Boquitas pintadas (1974).

En 1963 subió por primera vez al escenario del Teatro San Martin para la puesta de Yerma, dirigida por Margarita Xirgu. En los años 1960 y 1970 se destacó como intérprete de las obras de William Shakesperare Hamlet, Ricardo III, Enrique IV y Rey Lear, lo que lo catapultó como el máximo exponente del teatro clásico en Argentina.

En 1964, Alcón, protagonizó Los inocentes, de Juan Antonio Bardem, trabajo que le permitió incursionar en el cine español. Al año siguiente, viajó a España para participar en una puesta de El zapato de raso, de Paul Claudel, el primero de sus varios trabajos en ese país.​ Fue parte de diversos proyectos del Centro Dramático Nacional dirigidos por José Luis Alonso y Lluís Pasqual.​

En su haber hay personajes de obras de Henrik Ibsen, Federico García Lorca, Eugene O’Neill, Tennesse Williams y Arthur Miller (Panorama desde el Puente, Las brujas de Salem y Muerte de un viajante). Esos grandes clásicos tuvieron, en su mayoría, como escenario al Teatro San Martín. Por eso, en su honor, el hall central fue bautizado con el nombre de Alfredo Alcón.

Su trabajo se dividió entre la Argentina y España, país en el que también se destacó con sus interpretaciones y en el que se desempeñó con confianza y soltura por su ascendencia española (una de sus abuelas era andaluza y la otra castellana), logró el acento ibérico y fue aclamado por el público local.

Fue protagonista de El público, de Federico García Lorca, en el Teatro Fossati de Milán durante su estreno mundial en 1986, y de nuevo en 1987 en el María Guerrero de Madrid. En 1997 interpretó, con dirección de Norma Aleandro y junto a Julio Bocca, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, espectáculo en el cual el bailarín danzaba mientras el actor recitaba esta elegía de García Lorca.​ Ese mismo año participó en el álbum Alta fidelidad, de Mercedes Sosa y Charly García, en la canción “Los sobrevivientes”.

Alfredo Alcón
Alfredo Alcón

En 1991 incursionó en la dirección teatral con Final de partida, de Samuel Beckett. La repitió en 2013 en el Teatro San Martin. En ambos casos fue protagonista. En 2004 dirigió, junto a Osvaldo Bonnet, El gran regreso, de Serge Kribus. 

Alfredo Alcón tuvo importantes participaciones en ciclos televisivos. En Argentina se destacan Hamlet (1964), un especial, dirigido por David Stivel, en ocasión del 400 aniversario del nacimiento de Shakespeare y El prontuario del Señor K (1987).

A fines de los ’90 y durante la primera década de 2000 la televisión fue un divertimento para él, pero afrontada con la misma seriedad que las obras clásicas. La productora Pol-ka lo convocó para programas como Por el nombre de Dios (1999), Vulnerables (2000), Durmiendo con mi jefe (2003), Locas de amor (2004),  Los Unicos (2011)y Herederos de una venganza (2011).

Alcón fue reconocido con cuatro Premios Cóndor de Plata, el Premio a la Trayectoria, seis Martín Fierro, dos Quinquela Martín, el Premio al Mejor Actor del Festival Internacional de Cine de Cartagena, dos María Guerrero, el García Lorca (España), el ACE de Oro y el Estrella de Mar de Oro, el Gran Premio de Honor de la Fundación Konex y el Premio a la Figura Latinoamericana, entre otros, y declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, en 2002.

A pesar de su gran experiencia y su innegable excelente trayectoria, a sus 81 años Alfredo Alcon confiesa que aún lo embarga el terror escénico del debut, y hoy él asegura: “Cuando empiezo a trabajar, estoy tan inseguro, que me sobran los brazos”.

Partió el 11 de abril de 2014, a los 84 años de edad, después de luchar contra un cáncer de colon. Como si lo hubieran presentido, la noche anterior a su muerte varios de sus amigos se reunieron en su casa de la calle Cerviño. Estaban Joaquín Furriel, Guillermo Francella, Adrián Suar, Pablo kompel, Nicolás Cabré, Peto Menahem y Juan Gil Navarro. Y, como era su costumbre, recordaron todos los momentos compartidos con Alcón, a quién todos consideraban más que como un referente, como un líder. Un ejemplo de lo que había que ser en la vida.

Alfredo Alcón fue admirado, respetado y querido por todos sus compañeros tanto por su talento como por su calidad humana. Compartió escenas, tablas y amistades con los más grandes actores y directores del espectáculo local, como Rodolfo Bebán, Norma Aleandro, Leopoldo Torres Nilson, Leonardo Favio.

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