Un nuevo estudio sugiere que limitar los hidratos de carbono solo dos veces por semana puede lograr los mismos beneficios metabólicos que el ayuno intermitente, sin sus desafíos.
En la Buenos Aires actual, donde el culto al cuerpo convive con la ansiedad y el delivery, cada dieta que promete resultados sin tanto sufrimiento se convierte en tema de charla entre mate y mate. Esta vez, la noticia llega desde el mundo académico: un nuevo estudio coordinado por el especialista Adam Collins propone una alternativa más accesible al ayuno intermitente, ese régimen que tantos aman, pero que otros tantos no logran sostener.
El ayuno intermitente, especialmente su versión 5:2 —dos días por semana de restricción calórica intensa—, ha sido defendido por influencers y médicos por igual. Pero no todo lo que brilla en Instagram es oro para el metabolismo: expertos alertan sobre posibles riesgos a largo plazo, incluyendo carencias nutricionales y desórdenes alimentarios.
Frente a esta situación, Collins y su equipo se preguntaron: ¿es la magia del ayuno intermitente realmente su bajo consumo calórico, o hay otra clave escondida? La respuesta fue sorprendente. Al comparar dos tipos de restricciones alimentarias —una basada en muy pocas calorías y otra en muy pocos carbohidratos— observaron que ambas provocaban respuestas metabólicas similares. Es decir: el cuerpo pasaba al modo “quema de grasa” con la misma eficiencia.
En la práctica, esto significa que comer normalmente cinco días a la semana y, en dos días seleccionados, reducir simplemente la ingesta de carbohidratos (pan, pastas, dulces, gaseosas, etc.) puede brindar los mismos beneficios metabólicos que pasar hambre. El estudio se realizó con un grupo pequeño —12 personas con sobrepeso y obesidad— pero los resultados abren una puerta interesante: se puede cuidar la salud sin caer en extremos.
¿Adiós al azúcar para siempre?
Los autores no bajaron línea sobre erradicar el azúcar del todo (cosa casi imposible en esta cultura medialunera), pero sí invitaron a repensar la frecuencia con la que se consume. El eje no está tanto en prohibir, sino en alternar, dosificar, elegir mejor.
¿Qué pasa con la flexibilidad y el equilibrio?
El hallazgo sugiere que la clave estaría en encontrar regímenes alimentarios que no destruyan el placer de vivir. Y esto, en términos criollos, es una bocanada de aire fresco para quienes no quieren vivir a arroz hervido y tristeza.
¿Qué opinás vos? ¿Creés que podrías sostener una dieta con menos fideos y facturas dos veces por semana? ¿Es el fin del ayuno intermitente como lo conocemos?