Crisis en Villa Crespo: cierran 12 locales de outlet ante la baja en las ventas

Compiten de igual a igual con zonas como Avellaneda y Nazca u Once.

Votaron a Milei y hoy están arrepentidos. Hoy no tienen para comer. La realidad supera a la política.

En la famosa zona de outlets de Villa Crespo, el viento sopla con un tinte de melancolía y despedida. Un cierre tras otro, las persianas bajan en lo que fue un reino de gangas y moda accesible. Desde el arranque del año, doce locales de renombre, que una vez hicieron brillar a este rincón de la ciudad con ofertas de marca, ahora cantan el triste tango del “no va más”.

Camilo Alan, a sus 80 años y con más de seis décadas en el giro textil, refleja en su mirada el desánimo que siente el comercio local. “Es un baile complicado, vecino,” dice, apoyado en el mostrador de su pequeño local de sweaters en Aguirre. “Antes, esta era una zona de oro, pero ahora, aún con buenos precios y facilidades de pago, la gente no llega. No hay mango que alcance y los locales históricos, esos que vieron crecer a Villa Crespo, hoy están tirando la toalla.”

En la esquina de Córdoba y Scalabrini Ortiz, un local que fue insignia de la moda femenina bajó su persiana definitivamente. La decisión no fue fácil, pero inevitable dada la merma en las ventas y el aumento desmedido en los costos de alquiler y servicios. “Era un lugar de encuentro, de esos que ya se conocían por su fachada,” comenta una vecina, que prefiere mantener su nombre en reserva. “Ahora, es apenas un recuerdo más de lo que fue.”

La historia se repite en cada calle de esta zona: de Gurruchaga a Loyola, de Aguirre a Acevedo, los locales luchan por mantener a flote sus ofertas. Carteles de “4×1” y “pago en cuotas” intentan tentar, pero el flujo de clientes es apenas un goteo. El desafío es mayor sin el turismo, que antes pintaba de colores las ventas con sus dólares y reales. “Los brasucas, los charrúas, venían por las gangas, por las pilchas de marca a precio de ganga,” recuerda un vendedor, con un tono de nostalgia. “Ahora, sin ellos, la cosa está más fea que bailar con la hermana.”

No obstante, hay quienes resisten, apelando al ingenio criollo y a la solidaridad de barrio. Los locales gastronómicos, en su mayoría negocios familiares, siguen dando la pelea. “Aquí nos conocemos todos, y si hay que ajustar, ajustamos, pero cerrar es el último camino,” dice el dueño de una pizzería en Loyola. “El barrio es resistencia, es lucha, y mientras podamos, vamos a seguir remando.”

En estos tiempos de crisis, los comerciantes de Villa Crespo enfrentan un dilema tan antiguo como el comercio mismo: innovar o desaparecer. Y en ese baile, entre la incertidumbre y la esperanza, la comunidad de Villa Crespo se aferra a su identidad, a ese espíritu de barrio que, aún en las peores tormentas, busca ver el sol detrás de las nubes.

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