ArteBA 2025: menos contemplación, más facturación

Del 29 al 31 de agosto, el Centro Costa Salguero volverá a convertirse en una pista de aterrizaje para compradores, patrocinadores y operadores del mercado. La 25º edición de arteBA llega con más de 400 artistas representados por 67 galerías de 16 países, pero esta vez el alma del evento no es la contemplación silenciosa: son las operaciones.

Dos días antes de que el público pise el predio, el 27 y 28 de agosto, las instituciones y coleccionistas harán sus compras a puerta cerrada. Santander, sponsor principal, abrirá el juego con la adquisición inaugural. Zurich, que había desaparecido de la cancha, volvió con su programa Matching Funds, inyectando dinero fresco a museos como el Malba, el Moderno, el Franklin Rawson y el MAC Salta, entre otros.

La ecuación de este año es clara: el mercado local está en retracción, el turismo comprador se achicó y las galerías pagan cifras fuertes. El metro cuadrado en la sección principal trepó a $508.200 (IVA incluido) y en Utopia, el espacio de arte joven y experimental, el costo se dispara a $4,5 millones el stand. Montar implica otro gasto alto y varias galerías recurrieron a préstamos del Fondo Nacional de las Artes a tasa 0, con créditos de hasta $20 millones.

El músculo internacional también se juega en el networking: llegarán directivos y curadores de pesos pesados como el Guggenheim de Nueva York, el Reina Sofía de Madrid y museos de Lima, Hamburgo, Denver y Los Ángeles. La Fundación Ama Amoedo traerá a Patricia Hanna de la Fundación Jorge Pérez, y Brasil mandará a sus curadores del MAM y el MAR de Río.

En paralelo, PROA presentará editoriales especializadas y habrá un ciclo de conversaciones curado por Aimé Iglesias Lukin. Pero más allá de lo cultural, la pregunta que sobrevuela es cuánto se venderá y quién se quedará con los mejores negocios.

Porque, aunque arteBA siempre fue la “fiesta del arte”, esta edición se parece más a un congreso de finanzas con cuadros colgados: menos sabiduría estética, más transacciones. La diáspora de artistas que vuelven con galerías extranjeras y el ojo entrenado de los compradores locales ya no buscan solamente belleza: buscan plusvalía.