El mito de “entreno perfecto”

El gimnasio, ese templo moderno donde muchos buscan la redención física y mental, se ha transformado en un espacio casi sagrado para algunos y en una tortura autoimpuesta para otros. Pero, ¿qué es lo que realmente hacemos para quedar agotados después de una sesión de entrenamiento? Y más importante aún, ¿por qué pareciera que, a pesar del esfuerzo, muchos están cada vez más “gorditos” y cerca de la temida prediabetes? Vamos a destripar esta cuestión, sin pelos en la lengua y con datos duros.

El mito del “entreno perfecto”

Primero lo primero: el gimnasio no es magia. Esa rutina de “entreno full” que te recomienda tu amigo o el profe, por más buena onda que tenga, no necesariamente es la indicada para vos. El error más común es copiar movimientos o planes sin entender los objetivos propios. Es como si te calzaras unas zapatillas dos talles más chicas y pretendieras correr la maratón de Buenos Aires sin terminar con los pies hechos trizas.

Un estudio reciente demostró que el 70% de los asistentes a gimnasios en Argentina no personaliza su entrenamiento y termina haciendo “más de lo mismo”. Esto incluye horas interminables en la cinta, pesas sin supervisión adecuada y clases grupales que, aunque son divertidas, no siempre impactan donde uno necesita. ¿Te suena conocido?

¿Por qué estamos tan “fuertes” y tan “gordos” al mismo tiempo?

Acá entra el lunfardo porteño: “No es sólo lo que hacés en el gimnasio, sino lo que hacés afuera”. El entrenamiento es apenas el 20% de la ecuación; el resto se juega en la cocina, en el descanso y en el manejo del estrés. Sin embargo, muchos argentinos salen del gym directo a la pizzería o al café con medialunas. ¿Resultado? Se queman las calorías de la sesión, pero se vuelven a cargar con intereses.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la obesidad y la prediabetes están en aumento en toda la región, y la Argentina no es la excepción. En 2023, el 60% de la población adulta presentó sobrepeso, y el sedentarismo fue identificado como el principal factor de riesgo, junto con una dieta alta en azúcares y grasas.

El “hágalo usted mismo” en el gym: ¿error o necesidad?

Aquí entra la filosofía deportiva: el gimnasio no es sólo un lugar para transpirar; es un espacio para aprender a cuidar el cuerpo, que es el único que tenemos. Pero la ética deportiva universal nos dice que la base de cualquier actividad física debería ser el respeto por los límites propios y el acompañamiento adecuado. Y lamentablemente, eso no siempre se encuentra en todos los gimnasios del país.

La pregunta clave es: ¿Es correcto lanzarse a levantar pesas o a correr sprints sin saber cómo? La respuesta, aunque obvia, muchas veces se ignora. La falta de supervisión técnica lleva a lesiones, frustración y hasta al abandono del ejercicio.

Claves para un entrenamiento ético y efectivo

  1. Conocé tus objetivos: No todos buscan lo mismo. ¿Querés bajar de peso, ganar masa muscular o mejorar tu resistencia? Cada meta tiene su camino.
  2. Pedí ayuda profesional: Aunque implique un gasto adicional, contar con un entrenador calificado es una inversión en tu salud.
  3. Cuidá tu alimentación: No se trata de dietas milagrosas, sino de aprender a comer de forma equilibrada.
  4. No te mates de entrada: El entrenamiento debe ser progresivo. Quemarse en una semana no sirve de nada.
  5. Escuchá a tu cuerpo: Si algo duele o no te sentís bien, pará. Más vale prevenir que lamentar.

La invitación al debate

Y vos, lector o lectora, ¿qué opinás? ¿Estás de acuerdo con que el gimnasio se ha vuelto un lugar de falsas expectativas o pensás que depende de cada uno? Si Usted quiere participar en este debate, envíe un mail a lectores@palermonline.com.ar.