Como fue la inauguración del Teatro Colón en 1908 y sus orígenes

Hablamos de los comienzos del Teatro Colón, como funciono sus primeros años y como fue evolucionando hasta lo que es en la actualidad.

El Teatro Colón de Buenos Aires está considerado como uno de los cinco mejores teatros de ópera del mundo. Esto se debe a dos elementos fundamentales: su excelente diseño acústico y su elevado nivel arquitectónico. Este lugar fue pensando originalmente como un teatro exclusivo para la ópera, aunque hoy también se exhiben conciertos sinfónicos y danza clásica.

Como institución, el teatro había funcionado en otra sede en la Plaza de Mayo desde 1857, hasta que se trasladó a su sede actual, inaugurada el 25 de mayo de 1908, tras 20 años de construcción. El Teatro Colón es uno de los imperdibles del mundo de la lírica y está a la altura de La Scala de Milán, la Ópera Garnier de París y el Royal Opera House de Londres.

Considerado como uno de los mejores edificios para ópera del mundo, el Teatro Colón de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es internacionalmente reconocido por su acústica y por su valor patrimonial; una evidencia de la influencia de la cultura arquitectónica italiana y francesa en Argentina.

Se ubica en una localización privilegiada en el centro de la ciudad -entre las calles Cerrito, Viamonte, Tucumán y Libertad-, provocando una impronta urbana que permite concebir al edificio como uno de los monumentos históricos más representativos del país. El teatro funcionó en dos edificios diferentes: el primero ubicado frente a la Plaza de Mayo -que funcionó entre 1857 hasta 1888-, y el segundo frente a la Plaza Lavalle, donde se ubicaba una importante estación cabecera ferroviaria.

Desde su primera función del 25 de mayo de 1908, en la que se presentó la ópera Aída, de Giuseppe Verdi, actuaron los directores, cantantes y bailarines más importantes de la historia, tales como Igor Stravinsky, Herbert von Karajan, Daniel Barenboim, Maria Callas, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Rudolf Nureyev, Julio Bocca, Paloma Herrera y Maximiliano Guerra.

Su construcción duró casi 20 años e involucró a 1500 personas. Es obra de los arquitectos Francesco Tamburini, Victor Meano y Jules Dormal. Según los grandes directores de orquesta, el Colón es uno de los mejores teatros de su tipo porque la sala en herradura genera una distribución perfecta del sonido y los tres pisos de palcos, diseñados con materiales blandos como telas, maderas y alfombras, logran una óptima absorción. Además, en los pisos superiores, se utilizaron materiales duros como mármol y bronce para perfeccionar la reflexión de las ondas. Su cúpula fue decorada por el pintor argentino Raúl Soldi y ese trabajo le llevó 41 días.

Teatro Colón en la antiguedad

El edificio, que presenta un estilo ecléctico del principio del siglo XX, tiene una actual superficie total cubierta de 58.000 metros cuadrados. La sala principal, en la italiana forma de herradura, tiene 29,25 metros de diámetro menor, 32,65 metros de diámetro mayor y 28 metros de altura; con una capacidad total de 2.478 localidades, aunque alcanza los 3.000 espectadores si se incluye los que no se encuentran sentados.

En el año 2008, el Gobierno de la Ciudad inició una restauración en profundidad, con el objeto de devolverle todo su esplendor y, al mismo tiempo, dotarlo de los más importantes adelantos tecnológicos. Esta obra permitió que el Teatro Colón fuera re-inaugurado para el bicentenario de la Nación, en el año 2010. Actualmente, el edificio alberga además diferentes talleres donde se realizan las producciones de sus espectáculos, así como el Instituto Superior de Arte, reconocido en todo el mundo y donde se forman los futuros cantantes líricos y bailarines.

Una de las anécdotas más recordadas de la historia del Teatro Colón tuvo como protagonista al temperamental director Arturo Toscanini, quien en 1912 decidió retirarse de un ensayo, disgustado por cómo tocaba un clarinetista. Como en Buenos Aires no había otro clarinete bajo, las autoridades del Teatro tuvieron que convencer al maestro para que reviera su decisión. Finalmente, Toscanini cedió pero a continuación quien no quiso tocar fue el clarinetista ofendido.

El arquitecto italiano Francesco Tamburini diseñó el proyecto del Colón, pero murió antes del inicio de las obras. Lo sucedió su coterráneo Víctor Meano, quien también falleció previo a la inauguración. Además de compartir país de origen y la desgracia de no haber podido completar su trabajo, tenían algo más en común: ambos murieron a los 44 años. Mucha gente habló de “la maldición del Colón”. La soprano italiana Claudia Muzio acostumbraba a tirar agua bendita al escenario, pero en el Teatro Colón eso le provocó un resbalón y la caída al foso de la orquesta.

El edificio se enriqueció arquitectónicamente en función del largo -20 años de construcción- y complejo proceso de diseño, donde participaron tres arquitectos de diverso origen y formación académica. Además, sin modificar su arquitectura exterior, en 1968 el edificio seguía en construcción debido a las ampliaciones que se construirían bajo tierra en los terrenos adyacentes al edificio.

Originalmente la cúpula de la sala principal fue pintada por el artista francés Marcel Jambon, pero su deterioro hacia 1930 provocó que durante años no existiera una pintura decorativa hasta que se encargó una nueva a Raúl Soldi, en la que trabajó entre diciembre de 1965 y marzo de 1966. 

Teatro Colón por adentro

En el centro de la cúpula se encuentra una lámpara de araña materializada en bronce, con un peso de más de una tonelada y un diámetro de 7 metros. En conjunto, existe en la cúpula un espacio que permite albergar músicos para generar diferentes efectos de sonido.

El Teatro Colón cuenta con talleres de producción especializados para realizar todos los elementos necesarios de la escenificación de un espectáculo, y que permite que la mayoría de los telones, elementos escenográficos, vestuario y todo lo necesario para una puesta en escena completa se construya en el mismo edificio.

En su primera sede, el Teatro Colón funcionó desde 1857 hasta 1888, año en que fue cerrado para la construcción de una nueva sala. Ésta fue inaugurada el 25 de mayo de 1908 con una función de Aida. En sus inicios, el Colón contrataba para sus temporadas a compañías extranjeras; a partir de 1925 contó con sus propios cuerpos estables –Orquesta, Ballet y Coro- y sus propios talleres de producción, lo cual le permitió, ya en la década de 1930, organizar sus propias temporadas financiadas por el presupuesto de la ciudad.

Desde entonces, el Teatro Colón ha quedado definido como un teatro de temporada o stagione con capacidad para realizar íntegramente la totalidad de una producción gracias al profesionalismo de sus cuerpos escenotécnicos especializados. 

A lo largo de su historia, ningún artista de importancia del siglo XX ha dejado de pisar su escenario. Baste mencionar a cantantes como Enrico Caruso, Claudia Muzio, Maria Callas, Régine Crespin, Birgit Nilsson, Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, a bailarines como Vaslav Nijinski, Margot Fonteyn, Maia Plisetskaia, Rudolf Nureyev, Mijail Barishnikov, a directores como Arturo Toscanini, Herbert von Karajan, Héctor Panizza, Ferdinand Leitner, entre decenas más. También es frecuente que, siguiendo la tradición inaugurada por Richard Strauss, Camille Saint-Saëns, Pietro Mascagni y Ottorino Respighi, los compositores vengan al Colón a dirigir o supervisar los estrenos de sus propias obras.  

Varios maestros de primer orden trabajaron aquí sostenidamente hasta lograr elevadas metas artísticas, como Erich Kleiber, Fritz Busch, directores de escena como Margarita Wallmann o Ernst Poettgen, maestros de baile como Bronislawa Nijinska o Tamara Grigorieva, directores de coro como Romano Gandolfi o Tullio Boni, sin dejar de mencionar a los numerosos solistas instrumentales y orquestas sinfónicas y de cámara que ofrecieron en nuestro escenario veladas inolvidables a lo largo de más de cien años de sostenida actividad. 

Teatro Colón en su exterior

 La calidad de su acústica se debe al conocimiento técnico aplicado en la forma de herradura que presenta la sala y provoca una adecuada reflexión del sonido; por lo tanto, una particular cámara de resonancia. Además, las proporciones arquitectónicas de la sala y la calidad de los materiales -la distribución de las maderas, tapices, cortinas y alfombras- mantienen un equilibrio que contribuye favorablemente al acondicionamiento acústico.

Finalmente, a partir del año 2010, el Teatro Colón exhibe un edificio restaurado en todo su esplendor original, dando un marco de distinguida jerarquía a sus presentaciones. Por todas estas razones, el Teatro Colón es un orgullo de la cultura argentina y un centro de referencia para la ópera, la danza y la música académica en todo el mundo.

Arquitectónicamente, el Teatro Colón se corresponde a la tendencia del eclecticismo propio del fin del siglo XIX y principios del siglo XX. Se trata así de un edificio basado en el revisionismo histórico propio de la arquitectura de la modernidad europea, que aún no había logrado consolidar un estilo original que expresara los tiempos modernos.

Este tipo de abordajes fue muy bien recibido en América Latina, que se esforzaba por imitar los modelos europeos en medio de su crecimiento vertiginoso. Así, de acuerdo con Carolina Piola, guía del teatro, este edificio se convierte es una suerte de “resumen” de la historia estética europea. Por esa razón, en este edificio pueden observarse rasgos característicos del renacimiento italiano, así como de la arquitectura alemana y francesa.

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