Se cumplieron 26 años del atentado contra la sede de la AMIA.

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En estos 26 años hemos visto pasar gobiernos, historias, dolores, cambios. Hoy la vida nos encuentra en una situación excepcional, un mundo prácticamente en cuarentena por una pandemia que no nos permite tener presencia, como cada aniversario, en un acto, en una calle o en una plaza. Si bien este año no estaremos cerca físicamente, estaremos igual, cada uno desde donde esté, recordando, conmemorando, exigiendo justicia y, en definitiva, diciendo presente. Porque 26 años después seguimos exigiendo justicia como el primer día.

Todo cambia, el mundo cambia, las personas cambian, hasta los dolores cambian, los amores cambian, la piel, el cuerpo y el tiempo cambian.Todo cambia menos la Causa AMIA, donde nada cambia. La impunidad persiste, con mucha fuerza. Hoy no sabemos mucho más del atentando que lo (poco) que sabíamos en las semanas inmediatamente posteriores al hecho. No hay condenas, no hay culpables. Seguimos igual, sin verdad y sin justicia. ¡Cuánto daño hicieron las maniobras de encubrimiento! ¡Cuánto poder tienen quienes manipulan la Causa AMIA!

A veces uno siente que el atentado a la AMIA, el asesinato de nuestros familiares y amigos allí en la calle Pasteur fue como la peste, una peste que lo tiñó todo a tu paso, lo envolvió en horror y desgarro. Una peste que creó un monstruo que con el tiempo se fue volviendo más y más grande, hasta hacerse gigante y acapararlo todo. El monstruo se llama CAUSA AMIA, y su nefasto odio a la vida lo abarca todo.

No sólo odiaban la vida los autores materiales e intelectuales de la masacre, también odian la vida los que persiguieron la injusticia, porque la impunidad no es sólo falta de justicia, la impunidad es falta de ética, de empatía, de alegría, de amor, de moral, de decencia, de honradez. La impunidad no fue algo que surgió espontáneamente. La impunidad la construyeron funcionarios públicos y dirigentes comunitarios inescrupulosos. La impunidad no tiene vida propia, la crean los hombres con sus dichos y con sus actos, con sus mezquindades. Un monstruo que se instaló en nuestro país, se adueñó de la justicia y no se quiere rendir. Persiste con fuerza.

26 años intentando extirpar a ese monstruo de nuestras vidas. 26 años reclamando, denunciando, exigiendo. Por eso también hoy, desde esta plaza virtual volvemos una vez más a contarles qué pasó este último año en las causas y a hacer llegar nuestra denuncia. Porque al parecer 26 años no alcanzan en Argentina para que se haga justicia.

Los encubridores siguen siendo encubridores, las instituciones siguen fallando a la ciudadanía, el Poder Judicial continúa demostrando que no está a la altura.

Pero también persiste nuestra lucha y nuestro compromiso con la memoria, la verdad y la justicia. Persisten nuestras convicciones y nuestra vocación de modificar esta realidad que nos ofende. Persistiremos en la búsqueda de los culpables del atentado y del castigo a todos los encubridores. También perseguiremos a los que encubrieron a los encubridores. Insistiremos incansablemente en que la justicia debe ser capaz, de una vez por todas, de juzgarse a sí misma. Que no puede haber más información secreta en la Causa AMIA. El secreto de Estado en la Causa AMIA siempre estuvo al servicio de la impunidad. La Justicia solo se alcanza con pruebas obtenidas en el marco de la ley. Las operaciones de inteligencia construyen mentiras públicas (y publicadas) e inventan falsos culpables. Nunca aceptamos eso y nunca lo aceptaremos. Nosotros tampoco cambiamos.

En definitiva, la normalidad en la causa AMIA es la misma y no hay pandemia, ni virus, ni “nueva normalidad” que indique que algo ha cambiado o cambiará.

Por eso decidimos, una vez más, reunirnos de la forma en la que se puede, para compartir con ustedes un balance que permita dar cuenta de los pequeños pasos y los retrocesos ocurridos en el último tiempo.

MÁS ENCUBRIMIENTO

“No estás actuando como nos dijiste. ¿Me podés explicar?”, fueron las palabras de la ex vicepresidenta Gabriela Michetti al entonces titular de la Unidad AMIA del Ministerio de Justicia, Mario Cimadevilla. Michetti le reprochaba a Cimadevilla que a “José” [Barbaccia] (ex fiscal de la Causa AMIA, acusado de encubrimiento) le había ido mal en su indagatoria. Desde las esferas más altas del gobierno de Macri se procuró, de cualquier modo, salvar a sus amigos de la condena que merecen.

Además de la larga lista de funcionarios que acudían a la sala de audiencias en apoyo a los imputados, nos preguntamos de qué otras maneras se actuó desde el gobierno de Macri y su Ministerio de Justicia para presionar a los jueces del Tribunal Oral Federal 2, para conseguir las absoluciones de algunos de los imputados, como el caso de Menem, el Fino Palacios y Beraja; y/o las bajas condenas de los otros encubridores como Galeano, Mullen y Barbaccia.

Hemos apelado tanto las condenas a penas bajas como las absoluciones. Ahora, los integrantes de la Cámara Federal de Casación tienen la responsabilidad histórica de revertir esta injusticia.